AQUí EMPIEZA TODO

Suena el despertador. Es muy temprano. Cuesta levantarse pero merece la pena porque María va a subir una montaña (María, Pepe, Juan, Ana, el nombre da igual). Es de noche todavía, no ha amanecido. María ha madrugado mucho pues sabe que le espera un largo recorrido. Aparca el coche en la base de la montaña, se prepara, coge su mochila, respira profundamente y empieza su ascensión. Hace frio, esta oscuro, empiezan las primeras dudas, que hago yo aquí, podría estar en la cama, aparecen los primeros miedos, no veo bien, me puedo tropezar, no sé si encontraré el camino, ¿tendré fuerzas para llegar a la cima? Pero María quiere superarse, podría haber optado por quedarse en la comodidad de su cama, en la seguridad de su casa. Sin embargo, ella no quiere una vida cómoda, quiere una vida buena, intensa, llena de emociones. Sabe que las vidas buenas no son fáciles, que hay que luchar por ellas, cada día, cada instante. María es una guerrera, no se conforma y por eso ha decidido madrugar, levantarse de la cama y salir a enfrentarse consigo misma, con sus miedos, frustraciones y complejos. Sabe que la recompensa es enorme.
Ya está subiendo, con confianza y paso firme. Empieza a tener las primeras recompensas, un amanecer espectacular, los colores y olores de la naturaleza, los sonidos de los pájaros. Se siente viva, se siente afortunada de ser capaz de sentir, de amar todo lo que le rodea. En esta vida hay que estar muy pendiente de los detalles y del camino, dan una enorme satisfacción. En estos momentos de reflexión y placer, María no se da cuenta y, ups, se tropieza con una piedra y cae al suelo, se hace daño en las manos y las rodillas pero María se levanta y no se lamenta. Sin duda, para vivir intensamente, para poder absorber cada momento de felicidad que nos da la vida, alguna herida y algún daño tenemos que sufrir. Sigue subiendo y los primeros signos de fatiga empiezan a aparecer y con ellos, otra vez las dudas, miedos y frustraciones. Pero María ya los conoce, ella no es una ingenua, sabe que la vida es dura, incluso por momentos puede ser terriblemente dura, por eso aprieta los dientes y sigue, aprieta los dientes y lucha, contra su fatiga, sus miedos, sus complejos y frustraciones. Como ya dije antes, sabe que la recompensa es enorme, es tener una vida llena, intensa, sin limitaciones. El cuerpo empieza a decir basta, las articulaciones empiezan a doler y ahí es donde empieza a trabajar nuestra mente, nuestra fuerza interior (recuerda que para trabajar la mente hay que llevar nuestro cuerpo al límite). Ahí es donde aparece nuestra disciplina, nuestro espíritu de sacrificio y nuestra fuerza mental. María conoce todo esto, pues ella trata de superarse todos los días, entrenando cuerpo y mente y ha sabido encontrar donde los demás ven dolor y sacrificio, el placer de conseguir tus objetivos y sentir que gestionas tu vida y que eres dueño de tus decisiones. Por eso, continua ascendiendo y, ups, esta vez le ha dado una rama en la cara. Piensa, más heridas, pero no le importa, son heridas por vivir, por sentir y ella también ha aprendido incluso a amar esas heridas y cicatrices que nos deja la vida, pero que sin duda son un signo de haber vivido. Recuerda, queremos una vida buena, no cómoda. Continúa sin desfallecer y sigue, ya te lo dije, ella es una guerrera y lo que define a un guerrero es que siempre se levanta, nada le detiene, por eso es invencible. La vida a veces se empeña en quererte derribar, en darte golpes hasta hacerte caer, pero nunca olvides  esto, aprieta los dientes y levántate. Te sentirás invencible. La vida merece la pena.
De repente, empieza a oír ruidos por detrás, es un grupo de amigos, mujeres y hombres  que están subiendo por la misma ruta y con el mismo objetivo que ella, subir a la cima de la montaña. ¡Qué barbaridad, como suben! se nota la fuerza del grupo, la química que hay entre ellos y la motivación de compartir emociones y sentimientos. Alcanzan a María y le proponen subir con ellos, valoran el esfuerzo de María de subir sola, pero la vida es mejor en compañía y saben que compartir, vivir y sentir en sociedad y ayudar a los demás es lo más gratificante que hay en esta vida. Por supuesto María acepta y empieza a subir con ellos. ¡Cómo cambia la situación! A pesar de que el camino cada vez se empina más y se hace más difícil, se siente la motivación, la fuerza del grupo, se hacen bromas, hay humor, te ríes (bendita terapia para todo), compartes experiencias para ser mejor cada día. Los dolores pasan al olvido y María se siente fuerte, más fuerte. El grupo empieza a divisar la cima y deciden hacer un descanso para acometer la ascensión final. Es un grupo heterogéneo, cada uno con su personalidad, pero con algunos rasgos comunes, las ganas de vivir la vida, la de preocuparse antes por los demás que  por uno mismo y de hacer de la diferencia una virtud y así, aportando cado uno sus fortalezas hacer del grupo un grupo invencible. Hablan, se ríen, comparten su comida, sus experiencias y sobre todo, se apoyan y empatizan con los demás.
Todos se dan ánimos y comienzan el último tramo, Por supuesto que hay fatiga, cansancio y dolor, pero nada comparable a sus ganas de vivir y de disfrutar. Las emociones y sensaciones que han sentido a lo largo del camino son tan intensas y profundas que superan cualquier limitación física. Ups, otra vez, María se ha vuelto a caer y esta vez parece ser más grave.  Hoy lleva tres reveses y ya se sabe, a la tercera va la vencida. El grupo corre a ayudarla, a darle la mano para levantarse, le dan ánimos, pero esta vez es grave, se ha hecho un esguince, no parece muy fuerte pero lo que queda de camino es duro. Os diré algo de este grupo, es un grupo que sabe vivir, que ha sabido anteponer en su vida las cosas realmente importantes  a otras que sólo sirven para satisfacer nuestro ego o a ocultar nuestras frustraciones, complejos e inseguridades. El grupo decide que sin María no suben, así qué, proponen a María ayudarla a subir, queda muy poco y algunos integrantes del grupo muy preparados se sienten con fuerzas para subirla en brazos o a caballo. Pero, como ya sabréis a estas alturas, María también es una persona especial, nada egoísta, ha gozado al máximo de la ascensión y ha disfrutado enormemente de la compañía del grupo. Está muy agradecida y se siente llena de vida y feliz. No hace falta subir a la cima (muchas veces, por querer llegar a la cima, no sabemos disfrutar del camino). Prefiere descansar y ver como los demás consiguen llegar a la cima. El éxito del grupo será su éxito y se sentirá igualmente feliz. Como queda poco y no hay ningún tipo de riesgo para María, el grupo decide continuar la ascensión. Van a coronar en homenaje a María, se lo merece.
María empieza a verles subir, reflexiona sobre todo lo que ha sentido en el día y ensimismada por tanta emoción y belleza recuerda la frase de Churchil, ¨nunca, nunca, nunca rendirse¨. Ya te lo dije, María es una guerrera y siempre, siempre se levanta. Por eso es invencible. Con su fuerza interior y la fuerza y afecto que el grupo le ha demostrado se levanta y decide seguir ascendiendo. Si no lo intenta, nunca sabrá si lo hubiese podido conseguir. El tobillo duele, cada paso que da el dolor es intenso, pero ya te dije que María a través de su entrenamiento mental ha conseguido cambiar donde los demás ven dolor, placer por conseguir sus objetivos, donde los demás ven sacrificios, placer por hacer de tu vida lo que tú quieres que sea.
El grupo ya ha coronado, está en esos momentos maravillosos donde te sientes bien, te sientes fuerte física y mentalmente, compartiendo tu bienestar con todos los demás, asimilando y absorbiendo todo lo que se ha vivido y sentido. Deciden empezar a bajar para no dejar mucho tiempo sola a María y, ups, sorpresa, María está a punto de coronar, viene sufriendo pero con una sonrisa en su cara que no deja lugar a dudas de su felicidad. Recuerda, nunca pierdas la sonrisa, encara tu vida con optimismo y nunca te rindas. María, sin duda, es una campeona, pero es una campeona porque no lucha contra los demás, lucha contra sí misma. No tiene envidias, al contrario, admira las virtudes de las personas, aprende de ellas y trata de mejorar cada día. Y es comprensiva con los defectos de los demás, como lo es con los suyos propios. No somos perfectos y tenemos muchas debilidades.
 El grupo estalla en emoción, no saben si ayudar o aplaudir. Da igual, a María le basta el cariño que le están mostrando. Ese es el combustible que necesita para su último esfuerzo, para coronar (no olvides que el cariño, afecto y amor es el mayor combustible de la humanidad. Da todo el que puedas a tu alrededor y la vida te irá mucho mejor).
María se siente feliz, pero no por coronar, se siente feliz porque se siente bien, con confianza en sí misma y ha aprendido a disfrutar de los éxitos, pero sobre todo ha aprendido a gestionar y a afrontar los fracasos. Y por encima de todo, ha aprendido que su felicidad está en la felicidad de los demás.
El grupo inicia el descenso, los más fuertes se van turnando para llevar a caballito a María. Cuando les toca a cada uno de ellos, ven en esa dificultad un reto, en esa carga un desafío y sobre todo una prueba de amor y solidaridad hacia María. Con esta fuerza y este espíritu no hay obstáculo que nos pueda parar. La vida es una montaña y hay que prepararse para subirla.
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José Manuel Vélez Parejo
Equipo reboost
 


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